OBSERVANDO AL BOSQUE

Las batallas más absurdas de la historia: Un recuento inolvidable

A través de la historia, han surgido guerras recordadas como heroicas, otras consideradas las más sanguinarias y destructivas, mientras que algunas, han logrado cambiar totalmente el curso de la historia. Pero ¿qué pasa con aquellas que quedaron relegadas al olvido por ser tan absurdas que hasta son difíciles de creer? Acompañanos en este artículo a conocer las batallas más absurdas de la historia

La batalla de Karánsebes

Para ponerte en contexto, la batalla en cuestión se dio durante la guerra Austro-turca entre 1787 y 1791. Y, en esta ocasión, nos vamos a centrar en el ejército Austríaco, el cual estaba compuesto de alrededor de 100.000 soldados del ejército austríaco, un conglomerado multiétnico que incluía austríacos, italianos, serbios, croatas y otros, muchos de los cuales no compartían el idioma alemán, la lengua principal y sobre todo, el idioma en el que se daban las órdenes.

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National Library of Portugal, Public domain, via Wikimedia Commons

El conflicto se daría en la noche. Una patrulla de húsares (caballería ligera) avanzó para explorar la zona y eliminar al enemigo que encontraran. Pero no hubo ningún turco, lo que sí encontraron fue a unos gitanos que vendían aguardiente. Los húsares compraron varios barriles y comenzaron a beber. Poco después, una unidad de infantería se acercó, cansada y sedienta tras una larga marcha, y exigió compartir la bebida. Aquí empezaría el desastre, puesto que a la infantería no le gusto nada la actitud arrogante de la caballería que se negaba a compartir el alcohol.

Cuidado con el fuego amigo

Se cuenta que, para ponerlos en su lugar, desde la infantería hicieron varios disparos al aire, y algunos empezaron a gritar que venían los turcos. En eso se desató el caos; los civiles gritando y huyendo, algunos soldados borrachos huían, mientras que otros, tomaron sus armas y empezaron a disparar a los “turcos”. Recordemos un factor importante, debido a las diferentes etnias, los gritos en diferentes idiomas promovieron el aumento de la confusión y el caos. Y hay que sumarle también que en la oscuridad de la noche, reconocer a un aliado sería más difícil todavía.

Los mandos del ejército, al ver lo que estaba sucediendo, empezaron a gritar “¡Halt, halt!” (¡alto, alto!), lo que muchos entendieron como “¡Alá, Alá!”, el grito de los otomanos haciendo referencia a su dios.

Fran Navarro

El problema, es que la zona donde estaban era un punto de encuentro de las tropas que irían llegando. Es decir, a medida que se desarrollaba la batalla iban llegando más tropas que sin saber nada, y al ver a sus compañeros corriendo y disparando a todos lados, creían que se trataba de un ataque enemigo, por lo que se unían a la batalla en medio de la noche y contribuyendo al desastroso fuego amigo. Incluso el emperador José II, que se encontraba en la zona, fue arrastrado por la multitud en su huida.

Se estima que el ejército austríaco sufrió alrededor de 1000 bajas, todo esto a causa del fuego amigo, los accidentes y el pánico. Este bochornoso desenlace ha llevado a este conflicto a ser conocido como una de las batallas más absurdas de la historia.

La guerra del Emú

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djpmapleferryman, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons

La Guerra del Emú, también conocida como la Gran Guerra del Emú, fue un incidente que tuvo lugar en Australia Occidental a finales de 1932. Y lo más llamativo de esta “guerra”, es que no fue una guerra entre naciones o personas. Fue una operación militar llevada a cabo por el ejército australiano contra una gran población de emúes que estaban causando estragos en las cosechas de los agricultores.

Pongámonos en contexto para ver si entendemos este insólito conflicto armado. Después de la Primera Guerra Mundial, a muchos veteranos australianos se les concedieron tierras para la agricultura en el Distrito de Campion, en la parte occidental de Australia. Los nuevos granjeros tuvieron que lidiar con varios problemas; era la época de la gran depresión, por lo que el precio de los cultivos era muy bajo. Las tierras eran desérticas y difíciles de trabajar. Las plagas de aquella zona amenazaban a diario los cultivos. Y, el gobierno les había prometido un subsidio que nunca llegó.

Y luego, llegó la cereza del pastel, una población inusualmente grande de aproximadamente 20.000 emúes, aves grandes no voladoras nativas de Australia. Migró a estas áreas en busca de alimento y agua. Los emúes destruían los cultivos, dañaban las cercas causándole muchos problemas a los agricultores, quienes solicitaron ayuda al gobierno.

El ejército australiano vs los emús

las batallas más absurdas

El Ministro de Defensa de Australia, Sir George Pearce, aceptó ayudar a los agricultores y decidió intervenir militarmente. Hubo algunas condiciones, como que el armamento solo sería manejado por los militares, los agricultores se encargarían de la comida y el alojamiento de los soldados. Se desplegó un destacamento de la Real Artillería Australiana, equipado con dos ametralladoras Lewis y 10.000 cartuchos de munición, bajo el mando del Mayor G.P.W. Meredith. La idea era que los militares exterminaran a un gran número de emúes para aliviar la presión sobre los agricultores.

En realidad, la fuerza militar que Meredith comandaba se reducía a dos soldados: el sargento S. McMurray y el artillero J. O’Halloran (…) Las aves superaban en número a los soldados en una proporción de 6666:1, pero las tropas tenían a su favor las armas modernas, amplia experiencia en conflictos bélicos, la ayuda de los campesinos exsoldados y el ser humanos.

BBC News Mundo

Una vez las fuerzas militares llegaron a Campion, todo estaba listo para empezar la guerra de exterminio de los emúes. Aunque hubo algunos contratiempos que impidieron que la ofensiva empezara antes. Debido al clima lluvioso, los emús se habían dispersado, por lo que aplazaron el ataque. La operación comenzó en noviembre de 1932. Sin embargo, no se imaginarían el duro enemigo que les esperaba.

Inicia en Australia una de las batallas más absurdas

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Wazee Digital, Public domain, via Wikimedia Commons

Y así empezó el primer intento. Armados con las ametralladoras Lewis, y confiados en su capacidad de fuego, los soldados intentaron emboscar a los emúes y colocarles trampas. Pero las aves demostraron ser increíblemente ágiles y escurridizas. Se dispersaban rápidamente y solo se mataban unos pocos. Se intentó disparar a los emúes desde camiones en movimiento, pero las aves corrían demasiado rápido. Se dice que el Mayor Meredith incluso comentó sobre la aparente invulnerabilidad de las aves, afirmando que podían resistir los disparos como si fueran tanques.

Aunque no pueden volar, los emúes son las únicas aves con un poderoso músculo en la pantorrilla, que no sólo les da una resistencia excepcional, sino que les permite correr a una velocidad de hasta 50 km/h.

BBC News Mundo

Una vez fracasado el primer intento, planearon emboscarlos en una fuente de agua. Esperaron que hubiese una gran cantidad reunida de las aves y abrieron fuego. Y funcionó, sin embargo, al apenas haber alcanzado y dar de baja a 2 emús, el arma se trabó, así que las aves escaparon y no volvieron más ese día. Luego de varios días de intentos fallidos y una pobre cantidad de emúes liquidados (se estima que entre 50 y unos pocos cientos), se suspendió la operación militar debido a la ineficacia y al ridículo público.

Una batalla que se alargó más de lo esperado

Después de los infructuosos esfuerzos por eliminar la mayor cantidad posible de emúes, la operación militar se canceló. Los comentarios de la prensa hicieron que el gobierno Australiano fuese criticado fuertemente por el fracaso. Por lo que, el ministro de defensa George Pearce, presionado también por el parlamento, decidió retirar las tropas.

Obviamente los colonos protestaron y en años posteriores lograron que se llevaran a cabo otras operaciones militares, dirigidas también por el Mayor Meredith. Y, aunque lograron mejores resultados que las incursiones anteriores, todavía seguían siendo pocos miles de bajas comparado con la cantidad de emúes que habían.

Todo lo anterior llevó a la total rendición de las fuerzas militares contra los emúes. Sin embargo, las implacables aves seguían haciendo daño en los campos de cultivo. Tanto es así, que se dice que en 1943 hasta le pidieron al ejército que lanzara bombas contra los emús. Al final, se apostó por pagar recompensas por cazarlos, lo que sí tuvo mejores resultados.

Y, no dejemos de lado que, una vez esta noticia se extendió fuera de las fronteras de Australia, hubo muchas protestas por la excesiva guerra contra las aves. En países como Inglaterra se criticaba el hecho de querer eliminar hasta llegar el punto de erradicar estas aves que demostraron tener tácticas de combate eficientes.

Si tuviera una división de hombres que pudieran aguantar balas como esas aves, podría enfrentar a cualquier ejército del mundo.

G.P.W. Meredith

Estas han sido solo dos de las batallas más absurdas que han sucedido en la historia. ¿Las conocías? Si conoces otra, háblanos de ella en la caja de comentarios. Y si puedes compartir el artículo, te lo agradeceriamos mucho.

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